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Las rutas del comercio del ámbar iban desde el norte hiperbóreo, hasta el mar Amarillo. Desde las fuentes del Nilo hasta las tierras milesias. La piedra vegetal no sólo era unidad de cambio sino vector de culturas y lenguas. Su comercio fue el tráfico de las cosmovisiones que en su amalgama nos conformaron. Desde los adoradores de la Triple Diosa Lunar hasta los ígneos hijos del hierro. De eso trata este espacio: de transiciones y amalgamas, de historias de la historia, de letras que crean.
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