Parada Teatro Colón


Teatro Colón, parada del 45. Soy el primero de la fila, detrás mío una veinteañera fumadora y de manos tatuadas.

Llega el micro y -quizás por innata cortesía- la dejo subir primero. Mujer al fin, sonríe, agradece y sube.

Tras ella, una treinteañera oficinista que me mira y espera. 

"Por favor", le digo e indico que suba. Sonríe, agradece y sube.

Luego, la escena se repite con una dama de cerca de cincuenta a la que siguió una embarazada, una adolescente, una abuela...

Algunas notaban que la situación tal vez se me había ido de las manos e insistían en que suba.

"Vas a perder el asiento", advirtió una.

Y así subieron en número de 18 hasta que una barba redentora me conminó a subir.

Tuve 18 sonrisas, 18 gracias y 18 oportunidades de hacer sentir 'especial' a alguien.

Cuando, al fin, subí, incluso, tuve un modesto esbozo de aplauso.

Pequeñas anécdotas de un día cualquiera.

Gerardo Cadierno

(Esto lo escribí hace ya unos años cuando no temía ser carne de hoguera por ser sospechoso de heteropatriarcal.)

"El Pro Música Orillera Group de Les Luthiers, tiene a su cargo la ejecución de la Candonga de los colectiveros, híbrido de candombe y milonga, opus 61 de Johann Sebastian Mestropiero"
"Semos los colectiveros que cumplimos nuestro deber
No se puede, yo lo siento, ni bajarse ni subir
Con el coche en movimiento no me gusta transigir,
salvo cuando son ancianos los que quieren descender.
Que se larguen si son sanos, no me pienso detener.
Semos los colectiveros que cumplimos nuestro deber."


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